miércoles, 14 de abril de 2010

El Kinki, el Guindilla y el Renegado apaleado.

Las historias de abusos policiales o injusticias sociales están a la orden del día. Sólo hay que darse una vuelta por la blogosfera más subterranea para leer muchas declaraciones que ponen los pelos de punta hasta el más acérrimo defensor del buen funcionario. Uno es libre de creerlas o no creerlas, desde luego, pero en caso de no hacerlo siempre quedará la duda de qué oscuro deseo puede impulsar a alguien a inventarse y sacar a luz un relato que sólo puede traerle problemas a corto y a largo plazo, si no está diciendo la verdad.

brutalidad policial

El caso del Renegado es especial, al menos para mi, tanto por lo dantesco de la historia como por la amistad que nos une. Conozco al Renegado desde hace muchos años, o mejor dicho, a la persona que está detrás de este pseudónimo que suena a título de serie de bajo presupuesto. El renegado es muchas cosas, pero no un yonkie ladrón de motos.

La pesadilla comienza una noche cualquiera en una discoteca de moda de Santa cruz de Tenerife, cuando cuatro kinkis meten una buena dosis de ketamina en la copa de nuestro amigo con la intención de dejarle fuera de juego para robarle los pocos euros que pudiera llevar en la cartera. Es el pistoletazo de salida de una onírica carrera de despropósitos que podrían con la cordura de cualquiera. Y es que la paliza que le propinaron los kinkis era de esperar, con perforación de tímpano incluída. Sin embargo, nadie en sus cabales sospecharía que la policía se uniera a la fiesta de mamporros y que el Renegado terminara esposado a la puerta del coche patrulla con la cara contra el suelo. Si a esto le sumamos la negación de auxilio por parte del ambulatorio y de la propia policía tras 30 interminables horas de calabozo, así como el desprecio mostrado por la jueza de turno hacia su persona, podemos hacernos una idea de la envergadura de la experiencia.

Recomiendo que lean la historia completa en primera persona, rudas palabras cargadas de odio y rencor que esconden sin demasiado disimulo un enorme sentimiento de impotencia ante el abuso de autoridad. Suerte Renegado.

2 Comentarios:

raúl on 4/14/2010 3:41 p. m. dijo...

subidón insospechado de ketamina (rayadura ipso-facta), paliza doble, de policías y ladrones, enchironamiento con desamparo... una gran noche, sí, joer!!

Beauséant on 6/10/2010 8:18 a. m. dijo...

Si la historia la lee Guy Ritchie nos hace un peliculón. Lástima que estas cosas pasen en la realidad y lo peor no es sólo la paliza, que también, es la sensación de rabia e impotencia que te queda y no te puedes quitar de ninguna forma...

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